Rafael, mi nuevo vecino

Mi nombre no importa, soy un hombre maduro, no feo, pero tampoco una belleza y trato de mantenerme en el peso aunque cada vez veo que lo logro menos.


Me casé joven y me separé también joven, del matrimonio quedaron dos niñas preciosas, de las cuales una ya está casada y la otra por terminar su carrera universitaria.


Con el tiempo vendí el departamento y me fui a vivir a una casa, lejos del centro de la ciudad, quería pasar el resto de mi vida tranquilo,

sin sobresaltos, económicamente puedo solventar mis gastos, sin llevar una vida de lujos tampoco.


En lo sexual, he perdido mi interés en las mujeres al pasar el tiempo, me masturbo cada tanto mirando algo en sitios de internet.


Cuando era adolescente tuve una experiencia homosexual durante unas vacaciones en el campo, fue muy rico e intenso,

pero no volvimos a ir de vacaciones a ese lugar, crecí, comencé a experimentar el sexo con mujeres y aquella experiencia gay quedó sumida en un recuerdo cada vez más deslavado.

Rafael, mi nuevo vecino


Hace como un mes atrás, en la casa contigua vi llegar una mudanza, no me alegré mucho, inmediatamente supuse ruidos,

niños jugando por todas partes, música hasta altas horas…en fin no me gustó la idea de tener vecinos.

Un domingo estaba regando el jardín y veo a un hombre en bicicleta, vestido deportivamente,

me llamó la atención porque debía tener más o menos una edad parecida a la mía. Mi primera impresión fue de encontrar ridículo a un hombre ya mayor tratando de pasar por joven,

con ropas deportivas y bicicleta moderna, pero en fin me dije, cada uno con lo suyo mientras no me molesten.


El hombre entró en la casa y luego volvió a salir, yo seguía regando y entonces él se acercó y tendiéndome la mano en forma de saludo se presentó.

Rafael, mi nuevo vecino

Se llama Rafael vive al igual que yo sólo, viudo y su casa los fines de semana está llena de gente, entre hijos, sobrinos y nietos.


Siempre he sido un poco solitario, por lo que no me llamaba mucho la atención entablar algún tipo de amistad con Rafael,

de hecho hace ya harto tiempo que vivo en este sector y amigos no tengo, saludos de cordialidad y buenos modales,

conversación justa y necesaria al ir de compras, pero nada más y mis hijas no siempre están visitándome,

basta con llamadas telefónicas cada dos días y de uno que otro domingo todos juntos almorzamos.


Rafael es diametralmente opuesto a mí, ya lo conoce todo el mundo, he escuchado comentarios al pasar,

de las mujeres hablando lo guapo que es, incluso en una ocasión escuché a dos señoras comentar que cuando anda en bicicleta con el pantalón corto ajustado se le nota mucho el paquete,

– debe tenerlo bien considerable – dijo una y se rieron.

Rafael, mi nuevo vecino


Hace una semana atrás llegó hasta mi puerta, y me pidió un favor, se había quedado sin comprar pan, era de noche, ya estaba todo cerrado.

Mi primera reacción fue decirle que no tenía y cerrar la puerta, pero hice lo contrario, lo hice pasar y fui a buscar algo de pan,

noté que estaba con el pantalón corto y disimuladamente miré su entrepierna y tenían razón las mujeres,

se notaba un bulto sobresaliente, inmediatamente miré hacia otro lado, él en agradecimiento me invitó a su casa a ver un partido de fútbol y tomar unas cervezas,

nuevamente pensé en negarme y pedirle, amablemente que se fuera, sin embargo, acepté su invitación y nos fuimos a su casa.


Nos sentamos ante la tv. Con un par de cervezas, él era apasionado, gesticulaba y lanzaba improperios al árbitro cuando cobraba alguna falta al equipo de su preferencia.

Yo me limitaba a mirarlo de tanto en tanto, me llamaba poderosamente la atención su cuerpo, sus piernas peludas y fuertes,

su paquete marcado, su hermoso culo ante mi vista cuando se levantaba por otra cerveza o un cigarrillo.


Cuando acabó el partido Rafael me propuso quedarme a dormir en su casa, así conversaríamos hasta tarde,

habían habitaciones disponibles, acepté y nos quedamos en el sillón conversando de esto y aquello, yo, no sé si por efectos de la cerveza o qué cosa,

cada vez lo miraba más descaradamente, no disimulaba mi atención en sus piernas, en su bulto, él se daba cuenta porque se sentaba de tal forma que su bulto quedara a plena vista.


Yo que siempre era muy recatado, sobre todo en materia sexual, nunca me había insinuado a una mujer,

y menos a un hombre como lo estaba haciendo ahora. Él se acercó más a mí, y como si fuésemos amigos de toda la vida comenzamos con abrazos, nuestros cuerpos muy juntos,

me sentí con una calentura que no experimentaba hace mucho tiempo.
Sin dudarlo puse mi mano sobre su pierna y comencé a acariciarla,

primero suavemente luego ya sin miedo, él sonreía, yo lo acariciaba, estaba caliente como animal,

mi boca buscó la suya y nos besamos apasionadamente, mis manos ya estaban sobando ese rico paquete que estaba erecto.

Lo saque y en un abrir y cerrar de ojos, lo tuve en mi boca.


En efecto era un pene maravilloso, grueso y grande, aunque si hubiese sido corto y pequeño igual lo devoraría con hambre.

Lo desnudé completamente, también yo. Besé todo su cuerpo, mi lengua entraba en el agujero caliente de su fascinante culo.


Se acostó en el piso, mientras yo me sentaba sobre su pene, hacía mucho tiempo que no vivía esa experiencia,

aunque mi culo experimentaba el dolor inicial de la penetración, mis movimientos no cesaban, sabía que una vez pasado el dolor, el placer sería infinito.


Cuando ya no aguantamos más, él dando un gemido de gusto, derramó todo su semen en mi interior,

yo también acabé sobre su estómago.

Nos quedamos tendidos sobre el piso, sentí que su miembro se hacía pequeño y salía de mi hoyo.


Desde ese día hasta ahora no hemos parado de tener sexo,

a todas horas en su casa o en la mía. Me compré una bicicleta y salimos, a veces vamos en bicicleta hasta el campo cerca de casa y allí me culea,

en medio de la naturaleza.

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