el chico del almacén

Es aquí cerca, dijo el quiosquero mientras íbamos andando subiendo por la calle que va desde la iglesia de San Pedro de Me zonzo a la estación de ferrocarril.

Mientras íbamos andando me fue preguntando como me llamaba, cuantos años tenía, si vivía por allí cerca, etc. Etc. Etc. El al parecer estaba soltero, y vivía desde hacía varios años solo, había muerto su madre y desde esas, vivía solo.

Antes de llegar a dicha estación, dijo el quiosquero, aquí es donde vivo, parándose en el portal de una casa vieja de 4 plantas. Abrió el portal pasando ambos.

Subimos hasta el primer piso, y allí volvió abrir la puerta, ahora era la del piso donde vivía el quiosquero.

Abrió la puerta, pasando él primero, encendió la luz del pasillo, me hizo pasar, luego cerró la puerta pasándole la llave la cual dejó colocada en la puerta, llevándome luego hasta la sala donde estaba la televisión. Ven siéntate donde quieras y ponte cómodo.

Iban dar las 10 de la noche, era noche cerrada ya que estábamos a mediados de octubre, aunque todavía no solía hacer frío, pero los días se iban acortando. Quieres beber algo, me preguntó el quiosquero.

Me encogí de hombros, diciéndole que me daba igual. Lo que yo estaba deseando era que volviera a darme por el culo, ya estaba excitado y caliente de nuevo, y ardía en deseos por ser follado de nuevo. Además, me había gustado la polla que tenía el quiosquero, era larga y delgada como me suelen gustar, y al hijo de puta no se le había apenas desinflado después de haberme follado y dejarme preñado con su corrida.

Fue a la cocina, trajo un par de cervezas, las abrió, me pasó una para mí, junto a un vaso. Toma que hay que beber algo, si no vas a acabar conmigo, me dijo sonriendo.

Me puse a beber al igual que él, mientras tanto él encendía la televisión, conectaba el vídeo, e insertaba una cinta en él.

Cuando se empezó a reproducir, pude ver que se trataba de una película porno gay.

Así nos entonamos, dijo el quiosquero sentándose a mi costado derecho.

Nada más empezar la película, se veía un cachas rubio bañándose bajo una cascada de agua en pelota picada, el tío estaba imponente, tenía un rabo impresionante, y por supuesto ya estaba bien empalmado el cabrón aquel. Luego se vio como se acercaba un mulatito, se quedaba observándole, y de pronto empezaba a desvestirse. Joder, si el rabo del rubio era impresionante, el del mulatito, era descomunal. Se metió en la cascada junto al cachas rubio, y ya empezó la función, se abrazaban, morreaban, el rubio le comía la polla al mulato, hasta que esté lo puso mirando a Cuenca, y le largó aquel pedazo de rabo por todo el ojete.

En esas yo ya estaba a tope, estaba tan pero que tan excitado, que me volvería a correr si aquello seguía así. No paraba de relamerme deseando que el quiosquero empezara a desvestirme, y me enchufara la polla en el culo.

Pero el con una sonrisa en la boca, me acariciaba la pierna, mirando como yo no quitaba la vista a la película. El muy cabrón me estaba haciendo sufrir y él lo sabía. Quería que me excitara a tope y luego él follarme hasta reventarme.

Poco a poco la mano del quiosquero iba subiendo, y de acariciarme el muslo de la pierna, ya me estaba sobando el paquete. Luego fue como quien no quiere la cosa, aflojándome el cinturón, para pasar luego a desabotonarme el pantalón.

Una vez me tuvo el pantalón desabotonado, me hizo sacar la cazadora, luego prosiguió él sacándome la camiseta, está vez me la sacó por completo. Una vez desnudo de cintura para arriba, empezó a jugar con mis pezones. Los pellizcaba, retorcía, hasta que llevó su boca a ellos, empezando a mordérmelos.

Dios yo ya estaba que reventaba, no aguantaba más, llevé mis manos a su cinturón y empecé a aflojarlo desesperadamente. Luego que conseguí aflojarle el cinturón, hice lo mismo con el pantalón, se lo desabotone, bajé la cremallera, y metí mi mano buscando ansiosamente aquel rabo que tanto deseaba y necesitaba.

Mientras yo buscaba ansiosamente el rabo del quiosquero, este se desnudaba de cintura para arriba. Por fin pude liberar aquel rabo que con tanta desesperación buscaba, ahora ya lo tenía en mis manos y al aire libre. Me recosté sobre el regazo del quiosquero, llevándome aquella polla que me volvía loco, a la boca.

Primero pasé la punta de mi lengua por el glande que se asomaba, haciéndole dar un gemido al quiosquero, ¡ohhh! Soltó a la vez que llevaba sus manos a mi cabeza y me decía entre jadeos, que lengüita tienes perrita, eres toda una viciosilla, cualquiera lo diría, con lo formalito que pareces.

Yo abrí la boca, empezando a chupar aquel manjar que se me ofrecía. Todavía tenía restos de la anterior corrida, pero aquello me sabía a gloria, sujetaba la verga con mis manos, y subía y bajaba mi cabeza, tragándome aquel rico y sabroso falo. Con una de mis manos iba acariciándole los huevos, e intentaba bajarle los calzoncillos, quería liberar por completo aquella herramienta del quiosquero. Percatándose él de lo que yo estaba intentando infructuosamente, recostándose sobre el sofá, levantó un poco su culo, tiró de sus pantalones y calzoncillo, bajándolos hasta sus tobillos. Con un pie sacó uno de sus zapatos, haciendo luego lo mismo con el otro y terminando por sacarse el pantalón y calzoncillo.

Ya estaba el quiosquero en pelotas por completo, sentado en el sofá de su casa, dejando que un jovencito le chupara la polla desesperadamente, y ansioso por que le dieran por el culo, dejándolo bien preñadito.

Mientras yo chupaba y me deleitaba con aquel manjar, el quiosquero jugaba con mis pezoncitos, los pellizcaba retorciéndolos, mientras me decía lo perrita que era y lo que me gustaba la polla. Siguió bajando con sus manos a la vez que gemía llamándome de todo, llegó hasta mi pantalón, lo agarró, tiró de él con fuerza para abajo, luego hizo lo mismo con el slip, dejando ambos a la altura de mis rodillas. Luego fue a por mis zapatos, me los quitó y terminó por sacarme el pantalón y slip.

Ponte de pie perrita, anda que quiero ver lo bueno que estás, me decía sacándome la polla de la boca. Me apoyé en sus hombros y me puse de pie frente a él.

¡Ufff! Que bueno estás perrita, me decía acariciándome con sus manos.

Tiró de mí hacia él, cogiéndome por la cintura.

Estás buenísimo, me decía acariciándome el culo y muslos con sus manos, mientras llevaba su boca a mis tetillas pasándoles la lengua y mordisquearlos pezones que de la excitación que tenía, estaban duros y puntiagudos.

Yo cerraba los ojos y gemía de excitado y caliente que estaba. El cuerpo me ardía y moría por que me hiciera suyo de nuevo. Quería que el quiosquero me poseyera de nuevo y me ensartara su tranca, dejándome bien empalado en ella.

¡Ohhh perrita! Estás caliente ¿eh?

Sí perrita, sí, ya se que tienes ganas de sentir mi polla abrirte este culito y que te folle hasta hacerte gritar. También yo tengo ganas de volverte a dar por el culo y hacerte mío.

El cabrón del quiosquero no paraba de magrearme y lamerme con su lengua. Poco a poco iba subiendo, hasta que, poniéndose de pie, llegó a mi boca. Lamió mis labios, los mordisqueó hasta dejarlos hinchados y enrojecidos, luego me introdujo su lengua, recorrió toda mi boca con ella, hizo que le diera mi lengua la cual saboreó y sorbió hasta cansarse. Luego fue bajando por mi cuello, que nada más empezar a morderme, me hizo estremecer teniendo que abrazarme a él. Temblaba como un corderillo recién nacido.

¡ohhh mi perrita! Esto te gusta ¿eh?

Vaya vaya, ya sabemos cual es tu punto débil. Mira cómo gozas mi perrita.

Y el cabrón del quiosquero siguió martirizándome, dando mordiscos por todo mi cuello, haciéndome temblar y gemir mientras me abrazaba a él.

Temblando y gimiendo de gusto, le suplicaba que me follara. Méteme la polla, métemela y fóllame, le pedía.

Pero el muy cabrón del quiosquero sabía que me estaba haciendo gozar y que me derretía de gusto, y no estaba dispuesto a desaprovechar aquella ocasión. Quería ver como gemía y gozaba con sus mordiscos, y como le suplicaba entregándome a él. Quería tenerme abrazado y que fuera suyo por completo.

Después de un buen rato haciéndome sufrir, siguió bajando, volvió a morderme los pezones y retorcerlos hasta hacerme chillar. Prosiguió luego bajando, hasta llegar a mi polla que ya estaba dura y babeando, la metió en su boca, engulléndola hasta los huevos.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía yo sujetándome en su cabeza. Aquel cabrón del quiosquero me iba hacerme correr sin haberme metido la polla en el culo y haberme follado. Pero esta vez no, esta vez mientras me chupaba la polla, me tumbó en el sofá, subió mis piernas dejándome como un pollito asado, y subiéndose él al sofá, llevó su larga polla a la entrada a mi ano, colocó la punta de su polla en mi esfínter, y dándome una envestida, metió toda su polla en mí.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité de placer al notar como me enterraba la polla. Me había metido la polla hasta lo más profundo de mis entrañas. Hasta mi pobre polla había soltado un par de gotas de semen, cuando metió su polla sodomizándome.

¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el quiosquero ensartándome su polla hasta los mismísimos cojones. ¡Ohhh que gusto perrita! Que culito tienes cabrón, ¡ooohhh que gusto!

Se podía escuchar el golpeteo de su pelvis pegar en la entrada a mi ano, plof, plof plof plof, plof, plof plof plof, mientras su polla entraba y salía de mi culito, deslizándose por mis entrañas.

Dios que gusto estaba sintiendo, aquel cabrón me follaba de maravilla, me encantaba como me daba por el culo el quiosquero. Notaba como entraba en mí aquella polla, llegaba a lo más profundo de mis entrañas, y como rozaba mi próstata cada vez que me la metía.

Yo no podía dejar de gemir, aquello me estaba volviendo loco, aquello me estaba haciendo delirar de placer.

¡Ohhh! Grité, Me corro, me corro, ¡ooohhh! Gritaba soltando chorros de semen por mi polla mientras me seguía sodomizando el quiosquero.

¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba yo terminando de soltar todo mi semen sobre mi barriga y vientre.

Así mi perrita, así, córrete. Córrete y disfruta, que te voy a dejar bien preñado, te voy a abrir el culo y meterte mi picha hasta las orejas, te voy a dejar reventado, pedazo de maricón.

Dios, el cabrón del quiosquero sudaba como un cerdo, metía y sacaba su polla de mi culo a toda velocidad. Menuda follada me estaba largando el muy hijo puta. Estaba de rodillas sobre el sofá, me sujetaba por las caderas con sus manos, manteniéndome las piernas sobre sus hombros, mientras metía y sacaba su polla de mi culo a toda velocidad. Me tenía como a un pollo asado ensartándome su vara por el culo.

Notaba como me entraba su polla hasta lo más profundo, y como sus huevos chocaban en la entrada de mi ano.

Veía su cara enrojecida, las gotas de sudor resbalando por su frente, como abría la boca en una mueca de placer y satisfacción, mientras impulsaba su pelvis, ensartándome una y otra vez su polla, abriéndome el culo mientras me sodomizaba.

Dios, que gusto sentía cada vez que su polla me llegaba al fondo de mi culito, y aquella sensación que tenía cada vez que sus cojones los notaba golpeando la entrada de mi ano. Sentía una corriente correr por todas mis entrañas. En aquellos momentos me sentía poseído por el quiosquero, en esos momentos era totalmente suyo.

La polla del quiosquero seguía taladrándome el culo, entraba y salía ensartándose una y otra vez, invadiendo mis entrañas. Me encantaba cuando sus cojones tocaban la entrada a mi ano, y el cabrón del quiosquero daba un impulso metiéndome más a fondo su verga, en esos momentos notaba como llegaba a lo más hondo de mis entrañas, sintiéndome invadido por completo. En esos momentos era totalmente suyo, en esos momentos, mi cuerpo le pertenecía.

Ya llevaba tiempo sodomizándome el quiosquero, cuando empezó a jadear más fuerte y gritar, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh perrita que gusto! Gritaba echándose encima mía, haciendo que las piernas al estar sobre sus hombros y echarse este más sobre mí, hicieron que mi culito quedase más hacia arriba, y cada vez que metía su polla en mi culo, esté se abriera más, dándome unas estocadas mucho más profundas.

En esos momentos el quiosquero, empezaba a correrse, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gruñía mientras me sodomizaba salvajemente.

Dios que follada me estaba dando, notaba como su polla empezaba a escupir semen dentro de mí, dándome unas clavadas de polla violentas y profundas. Yo no podía hacer nada, solo sujetarme a sus hombros, y gritar de gusto mientras me preñaba el culo con su leche.

Aquel cabrón, me estaba abriendo en canal mientras me llenaba el culo con su esperma. Me había abierto bien el culo y ahora me estaba dejando bien preñado el muy hijo de puta.

Cuando terminó de correrse dentro mía, dejó que mis piernas resbalaran cayendo por sus costados, y mientras su polla terminaba de soltar todo su semen, el quiosquero cayendo sobre mí, se volvió a apoderar de mi boca, mordiéndome los labios y metiéndome la lengua hasta las amígdalas. Menuda follada me había dado el muy cabrón, me había hecho suyo por completo, me había poseído allí tumbado sobre el sofá de su casa, haciendo que me entregara por completo a él.

Cuando por fin recuperamos el aliento, y nuestras respiraciones se normalizaron, el quiosquero se levantó de encima mía, dejándome que me sentara sobre el sofá. Pegado a él, este me rodeó con sus brazos abrazándome a él.

Ohhh mi perrita que follada más buena, dios como me gustas, me susurraba al oído, mientras me besuqueaba la cara y oreja.

¿Te ha gustado, eh mi perrita?

Te ha gustado cómo te ha follado este macho, ¿eh?

Me gusta tu culito, tienes un culito que me vuelve loco. Y a ti, a ti te gusta la polla, ¿verdad?

Estás hecha toda una perrita, pero eres mi perrita.

Me alegro haberte hecho mío, estás tan bueno que hasta me casaría contigo.

Joder, el muy cabrón del quiosquero no paraba de meterme mano, si aquello seguía, el muy cabrón era capaz de volverme a poseer y hacerme suyo otra vez.

¿Quieres quedarte a dormir conmigo? Me preguntó el quiosquero, sin dejar de besuquearme y meterme mano acariciándome la polla y pelotas, mientras me tenía abrazado a él.

Ay como me gustaría que durmieras conmigo, maricón. Me encantaría tenerte toda la noche en la cama abrazadito así a mi lado. Luego te haría el amor y te haría mío de nuevo. Te metería toda la pollita en este culito tan rico que tienes, y te haría llorar de gusto hasta que te corrieras.

No, hoy no puede ser, le contesté. Mañana tengo que madrugar y hoy ya estoy cansado.

Bueno, como quieras, pero si no es hoy, puede ser otro día. ¿Qué tal te parece el sábado?

Podemos quedar para el sábado, a las 7 de la tarde cierro el quiosco, vienes por allí, tomamos algo y venimos para mi casa, ¿qué te parece?

Bueno le contesté, pero no te prometo nada, si puedo voy por el quiosco y quedamos.

¡¡Ohhh maricón como me gustas! Me decía el quiosquero abrazándome fuertemente a él.

Por fin el quiosquero me soltó, dejándome que me vistiera. Una vez me hube vestido, sin dejar de meterme mano, me acompañó a la puerta, y después de morrearme a conciencia, abrió la misma, despidiéndonos hasta el sábado.

Iba para mi casa pensando en sí acudiría el sábado o que hacer, iba con el culo super abierto y oliendo a semen por todos mis poros. Llevaba toda mi corrida pegada y reseca por mi vientre y barriga, y el culo que rezumaba el semen que el quiosquero me había insertado en él.

Me gustaba la polla del quiosquero, y me había gustado como me había dado por el culo. Además, el sábado no tenía ningún plan, así que lo más probable, era que me dejara caer por el quiosco, y dejar que me follara de nuevo. No me importaba quedar toda la noche y que me estuviera sodomizando hasta el día siguiente, aquello cada día me gustaba más, me gustaba ser poseído y que me hicieran sentir que les pertenecía, me gustaba que me dieran por el culo y que me preñaran haciéndome de ellos.


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